A comienzos del siglo XX, los actuales barrios del Prado, Atahualpa
y Brazo Oriental, tenían ciertas características que aún hoy
se mantienen mientras otras cambiaron totalmente. El terreno donde se encuentra
el colegio, por ejemplo, perteneció al prebístero Dámaso Antonio
Larrañaga, que utilizaba el predio para sus investigaciones agrícolas.
Alrededor de 1912, el párroco del barrio Atahualpa pide a una congregación
religiosa que se ocupe especialmente de las niñas de esta zona. Es así
que al año siguiente, las Hermanas Dominicas de la Anunciata, llegan procedentes
de Buenos Aires. La Comisión de Damas de la parroquia les alquila una casa
en la actual calle Vaz Ferreira. Después de algunas vicisitudes, la familia
Gallinal Heber, que tenía su casa de veraneo por la actual calle Luis A.
de Herrera, ofrece a la congregación el predio que ocupa hoy el colegio.
En 1920 en la casona grande de esta quinta abre sus puertas el colegio "Clara
Jackson de Heber".
Pasado un tiempo se ve la necesidad de ir adecuando las instalaciones para colegio
y además era necesario agrandar la construcción. El proyecto se le
confía a los arquitectos Isola y Armas, los cuales con gusto y sentido práctico,
llevan adelante un estilo avanzado para su época, de construcción
sólida y a la vez muy bien adaptado a las necesidades de un establecimiento
educativo.
En la quinta se mantiene aún alguna construcción de ese período
anterior al colegio, pero las nuevas exigencias y necesidades de la misión
de la comunidad educativa, han ido transformando su aspecto señorial de entonces
en canchas de vólebol, basket, fútbol, juegos, espacios verdes de
recreación y entretenimiento.
Así, el "Clara", enmarcado en esta esquina de Luis A. de Herrera
y Burgues, es una estampa que caracteriza a nuestro barrio y a la vez sus espacios
verdes y su aspecto señorial mantienen eso tan característico que
fue de las casaquintas de otra época.
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